La primera revista para escritores

Los errores invisibles

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Volvemos sobre un asunto que debería preocupar más a los autores, especialmente a los noveles: los errores invisibles.

Hasta la búsqueda más superficial en las redes sociales y en los puntos de venta de libros digitales, permite hacerse una idea de lo mucho que necesitan bastantes autores un buen servicio de corrección.

Se pueden encontrar escritos que ni siquiera han sido sometidos a la muy laxa, inconstante, olvidadiza, errónea y hasta contradictoria herramienta de corrección del procesador de textos.

Cuando es el autor quien revisa su propio texto, los errores parecen volverse todavía más invisibles.

Pero aquellos que sí han pasado por esa prueba superficial del corrector automático, e incluso aquellos que han sido fruto y objetivo de revisión por parte de sus exigentes autores, incluso esos textos necesitan una corrección profesional, ya que ambas herramientas, aun pudiendo ser empleadas eficazmente, son siempre insuficientes, porque la posibilidad de error ya no reside en ellas, sino en el usuario que las utiliza.

La capacidad de las herramientas para la detección de errores se encuentra limitada por la capacidad… Clic para tuitear

Si quien revisa un texto desconoce la existencia de una norma lingüística o desconoce su correcta aplicación, será muy difícil que los errores derivados de esas circunstancias se revelen como tales ante el revisor del texto, y, por lo tanto, será aún más difícil que exista la posibilidad de ponerle un remedio.

Los errores invisibles

Cuando es el autor quien revisa su propio texto, los errores parecen volverse todavía más invisibles. Y no porque al autor le esté vedado conocer las normas lingüísticas, ya que, de hecho, le son exigibles si tiene la pretensión de que lo llamen autor; pero es que quien escribió un texto con uno o varios errores determinados, muy probablemente tenga el ojo entrenado para leer, una y otra vez (desesperantemente ‘una y otra vez’) el mismo término mal escrito, o la misma frase compuesta de una forma mejorable, por poner un par de ejemplos.

Incluso en el caso de que ese autor-revisor detecte errores (incluso muchos errores) tampoco es garantía de que haya detectado todos los errores del texto, y algunos seguirán siendo invisibles para él.

Sin duda, después de una revisión en la que se hayan detectado y corregido gran cantidad de errores, el texto presentará un aspecto mucho más saludable, y menos hiriente para el lector, pero ¿por qué quedarse ahí?, ¿por qué nadar hasta cerca de la orilla y allí morir ahogado entre errores que el lector no sabrá, no podrá o no querrá perdonar?
No es que los lectores sean unas personas muy difíciles de satisfacer (que también pueden serlo), es que tienen todo el derecho del mundo a exigir la máxima calidad en aquellos textos para cuya lectura les pedimos que dediquen horas de su vida que nunca recuperarán. ¿Por qué sembrar su camino de clavos y, de paso, arruinar nuestra reputación como autores?

Creo firmemente que los textos solo se pueden servir a los lectores cuando ese nivel de errores esté por debajo de los umbrales de lo aceptable o de lo disculpable, y esos umbrales no son tan amplios como muchos autores creen.

Estamos hablando de que los lectores quieran leer nuestro próximo trabajo, y no de desanimarlos con errores que podíamos haber evitado.

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