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Los Audiolibros no son ya lo que (creías que) eran

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Los Audiolibros no son ya lo que (creías que) eran.

Poca gente en el mundo hispanohablante está familiarizada aún con los audiolibros. Muchos lo siguen viendo como algo “para los pobrecitos ciegos que no pueden leer” y se pueden escuchar todavía muchos comentarios argumentando que eso no es leer y que no usarían un audiolibro porque degrada la obra o el hecho de la percepción de la lectura.

Efectivamente no es leer, es escuchar.

Los Audiolibros no son ya lo que (creías que) eran,Y esa forma de acercarse a las obras tiene ventajas que el hecho de la lectura no tiene (y que conste que no quiero decir con esto que un audiolibro sea “mejor” que un libro en papel o electrónico, ni tampoco lo contrario), especialmente si lo que te falta es tiempo o lo que te sobra son tiempos perdidos.

Y es aquí donde los audiolibros en los últimos años han sabido adaptarse de una forma espectacular a los tiempos que vivimos. Han pasado de realizarse exclusivamente en formatos físicos (discos, casetes) difíciles de encontrar para el público general a convertirse en bienes digitales disponibles en Internet que pueden disfrutarse en cualquiera de los dispositivos electrónicos que tenemos a nuestro alcance y accesibles en cualquier momento desde cualquier lugar. Incluso se han adaptado especialmente bien a los smartphones. Sí, esos aparatos que (casi) todos ya llevamos en el bolsillo y que nos permiten llevar en ellos el periódico, el correo electrónico, las conversaciones con los amigos, nuestra música o vídeos favoritos y, por supuesto, nuestros audiolibros. La explosión digital ha sido para los audiolibros su panacea y han surgido de sus rincones casi malditos como ave Fénix.

Así, ahora mismo se pueden encontrar muchas aplicaciones (apps) para audiolibros para los sistemas operativos más comunes de los smartphones, iOS de Apple, Android, Windows Phone, Firefox OS…, y lo más importante…

Sigue leyendo en el número 3 de nuestra revista SCRIBERE, clica aquí para descargarla.

Autor: Fernando de la Iglesia

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