La primera revista para escritores

La poesía no es un escaparate

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La poesía no es un escaparate, así que si quieres lucir tipo o enseñar al mundo tu dominio circense de las palabras mejor dedícate a otra cosa; hazte monologuista o modelo de alta costura. Las dos cosas a la vez te garantizan un éxito tan esplendoroso como inane, insustancial y breve.

Os propongo una cita y después una serie de reflexiones a partir de ella. Mi intención es hacer ver al poeta que la autenticidad no tiene nada que ver con la novedad o con lo novedoso.

«Recuerdo un verso de Parra, de sus artefactos: por complacer a mis superiores. Me recuerda a la poesía que se escribe en estos momentos, a la crítica que se hace en estos momentos. Todo es para complacer a ellos, nunca para alimentar a la literatura. Donde no hay literatura no existe la justificación». Javier Sánchez Menéndez, El libro de los indolentes (Sobre la poesía).

Pero quiénes son ellos. Tenemos a los editores, a los lectores y a la idea deformada que tenga el autor de ellos. Porque algunos al escribir tienden a jugar al doctor Frankenstein, a ensamblar a su lector ideal y escribir para él.

La poesía no es un escaparate
La poesía no es un escaparate

Este procedimiento puede entenderse, que no disculparse, en alguien que quiere vender novelas como churros y tiene que ponerse a la tarea de urdir una obra con alto contenido en fibra (y bajo en músculo), que sea digestible para todos los estómagos, hasta para los que sólo han visto las letras en la sopa. Pero para escribir poesía no podemos caer en esa tentación. Primero porque pocos, muy pocos poetas han conseguido vivir de su obra, así que queda descartado actuar con complacencia para ganar dinero; y segundo, porque la calidad de la poesía siempre se ve afectada si se crea desde la falta de sinceridad, desde el deseo de que guste a muchos.

Como se dice en la cita, si escribimos para contentar a unos supuestos superiores nos estamos haciendo un flaco favor, privándonos de uno de los grandes placeres del poeta: aspirar a sentir, a ser libre, a decir lo que le de la real gana o la republicana apetencia.

Pero de dónde viene esa necesidad de agradar, esa ansia en la poesía actual por lucirse, por presumir, por dar demasiada presencia a un yo aburrido, empeñado en la competición social y en la queja coyuntural. Un yo que se olvida de buscar el sentimiento y se centra en la apariencia.

Escribe para impactar, no para gustar. Haz sentir a tus lectores, no los aburras con tus intentos de… Clic para tuitear

Hay muchos factores que pueden influir a la hora de ser más o menos sinceros en nuestros escritos. Factores que no afectan sólo al poeta sino que están en la base de nuestro sistema social y que impiden un acercamiento independiente al hecho de escribir para expresar y favorecen que las obras literarias sean tratadas como moneda de cambio.

La poesía no es un escaparate

Vivimos en un sistema social que premia a los ganadores, a los que compiten bien, y que desdeña como accesorio, considerándolo incluso como defecto, lo sincero o verdadero. Si la poesía se adapta a esta tendencia será tendenciosa (perdonen la perogrullada) y falaz, será hija de una moda pasajera y generará la necesidad al que la escribe de estar actualizado y siempre a la última en temas, estilos, o gustos. Esto nos impedirá desarrollar nuestra propia voz, nuestras propias habilidades y dar cuerpo a lo que queremos decir y expresar. Si entramos en este juego es probable que nuestros versos acaben siendo un dietario de anécdotas, casi un noticiario de la vacuidad, una gota más en el océano de información que se comparte a gritos hoy en día. No podremos estar satisfechos porque nada nuestro viaja en esos poemas ya que todo ha sido escrito para alimentar a la bestia.

También nos han inculcado que todo hay que venderlo. Y la sinceridad no es una excepción a esa ley del mercadeo vital. La poesía, repito, no da dinero. Son otras motivaciones las que nos deben guiar a escribir versos, porque si los adaptamos a los cánones de lo comercial perderán algo que también es muy importante para garantizar su calidad: su esencia exploratoria del alma humana, la capacidad que tiene el poema de llegar a rincones olvidados y polvorientos.

Creo que queda clara mi postura. Si nos vamos a poner a versificar que sea desde nuestra propia voz o desde otra que elijamos pero que hayamos trabajado previamente para dotarla de veracidad (recordad los heterónimos de Pessoa, más reales que el propio autor). Por supuesto que la actualidad puede formar parte de nuestros poemas, todo cabe en la poesía, pero esta debería ser abordada desde una contemplación previa, pasada por una reflexión profunda —que no consciente— y vertida al papel con intención de traer algo que antes no existía y no con el afán de lucimiento de un subalterno que espera a que alguien lo mire para dar lo mejor de sí mismo.

Así que no escribas tus versos como un obediente chupatintas, como un sumiso consumidor, no complazcas a tus superiores ni a tus lectores; pero, sobre todo, no te prives de explorar, no te prives de una verdadera exigencia personal, de un esfuerzo creativo, productivo y revelador. Escribe para impactar no para gustar. Haz sentir a tus lectores, no los aburras con tus intentos de ser reconocido y valorado, respeta a la poesía e intenta siempre mejorarla con lo que escribes.

Autor: Víctor L. Briones

 

2 Comentarios
  1. Loyda dice

    Wow, es uno de los artículos más completos y mejores que he leído en cuanto análisis de la poesía. Mi respeto y admiración para vos. Os bendigo.

    1. v s dice

      Gracias por comentar, Loyda.
      Saludos

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