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La conjura de los necios, de John Kennedy Toole

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La conjura de los necios, de John Kennedy Toole

Nos encontramos ante una de las obras más extravagantes que he tenido el placer de leer. Seguramente, es una de las más esperpénticas que se han dado en la historia de la literatura. La conjura de los necios habla de decenas de temas, pero de ninguno en particular. Mientras tecleo estas líneas me hallo sentado enfrente de un ordenador que me juzga. Él es sabedor de que escribir la reseña de esta novela es harto complicado y está listo para dejarme caer. Sin embargo, yo quiero transmitirte todo lo que me ha hecho sentir.

La historia de una publicación tardía

La conjura de los necios fue escrita por John Kennedy Toole en el año 1962. Por aquel entonces, el escritor únicamente tenía veinticinco años. Se encontraba realizando el servicio militar en Puerto Rico.

Entre todas sus aventuras vitales, el autor nunca dejó de trabajar en la escritura de La conjura de los necios. Se enamoró tanto de su propia historia que en cuanto puso el punto y final estaba convencido de que se trataría de una obra maestra. Tras ello, y con la premura del apasionado, comenzó a dirigir su manuscrito al sector editorial. Existen dudas acerca de a cuántas editoriales alcanzó la obra, aunque muchos afirman que únicamente se atrevió con una: Simon & Schuster.

A pesar de que el interés inicial por la obra fue amplio, pronto terminaron por elevar un no en sus conversaciones. Argumentaban que la trama de La conjura de los necios no trataba sobre nada. Al menos esta fue la versión oficial. Pues otras voces más ocultas del medio afirmaron que la razón era precisamente la contraria: la crítica social era demasiado certera.

Poco tiempo después de esta respuesta el autor se quitaría la vida. Sucedió el 26 de marzo de 1969 cuando solo contaba con treinta y un años. Colocó la manguera de su jardín en el tubo de escape del coche y dejó el otro extremo en la ventanilla del conductor. Pese a que dejó una nota de suicidio, esta fue destruida por su madre y nunca se conoció el contenido real.

¿Qué sucedió tras la muerte de John Kennedy Toole?

Muchos han argumentado que la razón última por la que John Kennedy Toole se quitó la vida fue el rechazo editorial de Simon & Schuster. Sin embargo, a todas luces parece una teoría fallida, sin fundamento y cuyo único objetivo es engrandecer la figura de un escritor que no lo necesita. Su trabajo habla por sí mismo.

Es cierto que el rechazo editorial fue el comienzo de su decadencia. Es más, puede que incluso actuara a modo de catalizador. No en vano, tras la respuesta, el alcohol llegó a su vida, descuidó su vida profesional y se quedó sin trabajo y sumido en una profunda depresión.

John Kennedy Toole falleció sin ver publicada «La conjura de los necios». Sería su madre quien tomara el testigo en esta tarea. Ella encontró el manuscrito años después de su muerte. Al leerlo y comprobar que tenía calidad, inició... Clic para tuitear

Sin embargo, achacar esta realidad al rechazo editorial parece difícil. Después de todo, el escritor únicamente envió La conjura de los necios a una editorial. Tenía múltiples posibilidades al alcance para ver su obra publicada. Además, la entidad no cerró las puertas de forma terminante, sino que argumentó que requerían más tiempo para llegar a la decisión final, aunque la inclinación era evidente.

John Kennedy Toole falleció sin ver su obra publicada. Sería su madre quien tomara el testigo en esta tarea. Ella encontró el manuscrito años después de su muerte. Al leerlo y comprobar que tenía calidad, inició un camino de envíos a tantas editoriales como fuera posible. Quería ver publicado el trabajo de su hijo. Aunque la realidad es que solo recibía respuestas negativas. Al menos al principio.

Todo cambia cuando se pone en contacto con Walker Percy. Ella quería que leyera la obra y le ayudara a publicarla en caso de que le gustara. Aunque el autor de El cinéfilo se mostró reticente en un primer momento, acabó por ceder ante la pretensión de su interlocutora. Fue una gran decisión. Cuando finalizó la lectura declaró que no creía posible que una novela pudiera ser tan buena.

Así, y después de mucho pelear, la novela vio la luz en el año 1980. Con el título de La conjura de los necios, ocupó un papel importante en las librerías once años después de la muerte de quien la concibió. Su impacto fue increíble. Un año después recibiría el Premio Pulitzer. Desde entonces se ha convertido en una de las novelas más icónicas de la historia de la literatura.

¿De qué trata La conjura de los necios?

Desde luego, esta cuestión no tiene fácil solución. El principio del artículo brindaba un adelanto. Es hartamente complicado determinar cuál es el tema principal de esta obra. Ciertos capítulos parecen cargados de una fuerza reivindicativa imparable, mientras que al tornar las páginas hallamos los delirios de una persona que ha perdido el juicio. Mensajes e ideas incoherentes que solo encajan en el delirio de Ignatius J. Reilly, protagonista de la obra.

La novela nos narra la historia de este personaje. Se trata de un treintañero inadaptado que vive solo con su madre. Su padre los dejó muchos años atrás. No sabemos por qué, solo que fue repentino.

Él quiere cambiar el mundo. Tiene grandes ideas para hacerlo. También para el régimen que instauraría. No se siente cómodo en la realidad que habita. Por ello sueña con que la fuerza de sus palabras pueda llevar esta realidad a un mejor fin. Con este cometido, cada día se encierra en su habitación y rellena de textos decenas de cuaderno. Ellos guardan su visión del futuro. El hito que perseguía. Los cambios que deben ser realizados. Su incomprensión se graba a fuego en el papel con el anhelo de ser atendido algún día.

La alucinación revolucionaria tarda poco en desaparecer. Necesitamos pocas páginas para comprender que no es un héroe, sino una persona enfadada con el mundo. Su visión filosófica surge de chispazos de inspiración cuando se enfada con toda la existencia. Su fuerza se desprende por sus dedos. Almacena los cuadernos y no los ordena. Siempre presente la promesa de ordenarlos y lanzarse a su tarea, no necesitamos demasiado para comprender que no tiene fuerza de voluntad.

Para soportar la tortura de sus recientes cambios, Ignatius J. Reilly se comparará de forma constante con Boecio, un importante filósofo de la era romana que aceptó su propia ejecución.

La trama arranca en el momento en el que casi es detenido. En este instante no está haciendo nada en particular. Tampoco le hace falta más para llamar la atención. Se encuentra dentro de un coche mal aparcado mientras espera a que su madre termine de realizar unas gestiones. En este contexto, un policía y un anciano se suman al instante para conformar el desaguisado. Un duelo dialéctico dará comienzo y solo la llegada de su madre conseguirá que no se lo lleven preso. El anciano, que ha osado llamar comunista al agente, no tendrá tanta suerte.

Su madre tiene grandes problemas con el alcohol. Somos conscientes de que se achacan a no poder soportar el cuidado de una persona tan cargante como Ignatius J Reilly. Está perdiendo el juicio rodeada de tanta presión y, encima, la vida todavía le tiene preparada una sorpresa esa noche. Después de tomar un par de cervezas en un bar sufrirá un accidente de tráfico y se verá obligada a hacer frente a una multa de importe astronómico que no puede permitirse.

En este contexto, rogará a su hijo por que comience a trabajar y la ayude a hacer frente al importe de la multa. La cruz es la cárcel. Ignatius J. Reilly se verá abocado a una actividad que considera semejante a la esclavitud. Con la diosa Fortuna siempre en su contra, arrancará una nueva etapa de su vida como parte de una oficina y vendedor ambulante de perritos calientes. No se adaptará demasiado bien a ninguna de las dos ofertas.

Para soportar la tortura de sus recientes cambios, Ignatius J. Reilly se comparará de forma constante con Boecio, un importante filósofo de la era romana que aceptó su propia ejecución. La realidad de más allá de las barreras de su mente será complicada de compaginar con el habitual funcionar de esta. Así, nos enredamos en una novela de realismo extremo. Una obra que describe de forma despiadada el género humano y sus miserias. Circunscribe la realidad de forma egoísta. Esta se camufla a partir de risas que nos roba La conjura de los necios, pero que no restan un ápice de fuerza asu denuncia social.

Este instante marcará el punto de partida de la hilaridad. Las situaciones más esperpénticas tomarán las páginas. En ellas se contemplará a un hombre que no encuentra su lugar. A un alma reivindicativa que se perderá entre delirios. Las dudas como lectores de no saber si estamos ante un genio adelantado a su tiempo o ante una de esas personas que deberían ser encerrada sin miramientos.

Sin tener una razón clara, la trama compuesta de desvaríos nos enamorará como lectores. Tomaremos el papel con fuerza. Leeremos sin freno de manera constante. No querremos olvidar detalle. Nos perderemos en una trama que cuenta muchas circunstancias que nos afligen y contra las que no nos atrevemos a pelear, aunque querríamos hacerlo. En definitiva, la trama de La conjura de los necios es una de las críticas a la sociedad que más he disfrutado en mucho tiempo.

Conclusión sobre La conjura de los necios

La conjura de los necios es una novela magnífica. Obra que destaca por su excentricidad y que podría llegar a considerar como una de las mejores de la historia a nivel personal. Crítica despiadada cargada de humor y de ironía, no creo que se trata de una novela que pueda disfrutar todo el mundo. No obstante, quienes consigan amar sus letras verán muy recompensados sus esfuerzos.

 

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